La economía y el Papa Francisco

La economía el Papa Francisco

Por Marcelo Bondoni

En estos primeros días del año, donde el calor y la merma de actividad por receso vacacional se evidencia en muchas partes, es buen momento para tomarse un tiempo para una lectura más profunda, un análisis pensado y compartir conclusiones.

Por recomendación de un amigo de la política, estoy leyendo el último libro de Thomas Piketty – “El capital en el siglo XXI”. Interesantísimo…

El autor, nacido el 7 de mayo de 1971, es un economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta. Desde el año 2000 es director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y actualmente es profesor asociado de la Escuela de Economía de París.

La obra fue publicada en 2013 en francés “Le Capital au XXI e siècle” (El capital en el siglo XXI) publicado por elFondo de Cultura Económica en español y en inglés “Capital in the Twenty-First Century” publicado en 2014, en el que expone cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años.

En el libro Piketty sostiene que cuando la tasa de acumulación de capital crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad aumenta. El autor propone, para evitar lo que denomina un “capitalismo patrimonial”, los “impuestos progresivos” y un “impuesto mundial sobre la riqueza” con el fin de ayudar a resolver el problema actual del aumento de la desigualdad. Sus trabajos cuestionan de manera radical la hipótesis optimista del economista ruso Simon Kuznets quien establecía un vínculo directo entre el desarrollo económico y la redistribución de ingresos, resaltando la importancia de las instituciones políticas y fiscales en la instauración de impuestos e ingresos públicos y por tanto en la evolución económica histórica de la distribución de la riqueza.

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ME GUSTA…, porque ofrece argumentos sólidos, frescos, para que gobiernos y sociedades combatan de manera frontal el flagelo de la desigualdad. Es una voz imprescindible en los tiempos que corren.

EL PAPA FRANCISCO

En línea con estas conclusiones, hay un libro sobre la mirada de la economía del Papa Francisco escrito por los periodistas italianos Andrea Tornielli y Giacomo Galeazzi, donde el Papa llamó a “no resignarse a un sistema en el que los hombres son meros instrumentos”.

“Marxista”, “comunista” y “pauperista”: las palabras de Francisco sobre la justicia social y sus frecuentes llamados por los necesitados le han acarreado críticas e incluso alguna acusación. El libro incluye una entrevista de la cual a continuación sigue un extracto.

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No sabría cómo responder a esta pregunta. Reconozco que la globalización ha ayudado a muchas personas a salir de la pobreza, pero ha condenado a muchas otras a morir de hambre. Es cierto que, en términos absolutos, aumentó la riqueza mundial, pero este sistema se mantiene con esa “cultura del descarte” de la que ya he hablado en varias ocasiones. Existen una política, una sociología y una actitud del descarte. Cuando ya no es el hombre, sino el dinero, lo que ocupa el centro del sistema, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico caracterizado, es más, dominado por profundos desequilibrios. Y así se “descarta” lo que no le sirve a esta lógica: es esa actitud la que descarta a los niños y a los ancianos, y que ahora también afecta a los jóvenes. Me impresionó saber que en los países desarrollados hay muchos millones de jóvenes menores de 25 años que no tienen trabajo. A veces me pregunto cuál será el próximo descarte. Debemos detenernos a tiempo. Diría que no debemos considerar estas cosas como irreversibles, no debemos resignarnos. Tratemos de construir una sociedad y una economía en las que el hombre y su bien, y no el dinero, sean el centro.

-¿Puede darse un cambio, una mayor atención por la justicia social, gracias a una economía que sea más ética o se puede pensar en cambios estructurales en el sistema?

-Antes que nada, hay que recordar que se necesita ética en la economía y también se necesita ética en la política. Muchas veces, varios de los jefes de Estado y líderes políticos que pude conocer después de mi elección a obispo de Roma me hablaron de esto. Han dicho: ustedes, los líderes religiosos, tienen que ayudarnos, darnos indicaciones éticas. Sí, el pastor puede hacer llamados, pero estoy convencido de que se necesitan, como recordaba Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate, hombres y mujeres con los brazos elevados hacia Dios para rezarle, conscientes de que el amor y el compartir de los que deriva el auténtico desarrollo no son un producto de nuestras manos, sino un don que hay que pedir. Y, al mismo tiempo, estoy convencido de que es necesario que estos hombres y estas mujeres se comprometan, a todos los niveles, en la sociedad, en la política, en las instituciones y en la economía, poniendo en el centro el bien común. Ya no podemos esperar para resolver las causas estructurales de la pobreza, para curar a nuestras sociedades de una enfermedad que sólo puede llevarnos hacia nuevas crisis. Los mercados y las especulaciones financieras no pueden gozar de una autonomía absoluta. Nunca resolveremos los problemas del mundo sin una solución de los problemas de los pobres. Se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos.

CONCLUSIONES

Es imposible no hacer un “matching” entre las preocupaciones del Papa Francisco, el desarrollo intelectual de Thomas Piketty y la situación en Argentina. Si bien el autor del libro no se hace ilusiones sobre la viabilidad política de su propuesta, la considera una “utopía útil” en el sentido de que obliga a cualquier otra solución a medirse con respecto al ideal teórico que constituye dicho “impuesto mundial progresivo sobre el capital”. También demuestra los beneficios que comportaría, más allá de la recaudación, “la cooperación fiscal internacional necesaria para su implantación”.

La lectura del libro me atrapó, porque reconoce la pertenencia de la economía a las ciencias sociales y su deber de contribuir, desde la honradez intelectual, a enriquecer el debate democrático en aras de descubrir las políticas que producirán los resultados más acordes con los objetivos morales y sociales de una comunidad.

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