El Día que le robaron el auto a “Tatá”

EL DIA QUE LE ROBARON EL AUTO A “TATÁ!

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Hoy una noticia nos entristeció, “Tatá” Maroni se fue por otros rumbos, por eso quiero recordarla con una sonrisa a través del recuerdo de una travesura.

  Aquel día transcurría tranquilo en Radiodifusora “Santa Rosa”, al finalizar “La Noticia y el Diálogo” con Eduardo Bercovich pasó el “Micro Pedalino Show” con Claudia D’Orazio y por los monitores surgía la voz de “Guga” Scarcelli haciendo la tarde un poco más alegre con sus  presentaciones musicales.

Tardecita cálida de primavera, con un humor distinto y generalizado…estábamos ahí del 30 de octubre y las elecciones en que recuperaríamos definitivamente la democracia.

¡Tatá…! se escuchó en los pasillos de la radio; Víctor llamaba a la periodista, locutora y promotora publicitaria, quien presta se dirigió al privado de Giannoni.

-“Tatá” andá a ver a Horacio Belamendía que quiere contratar publicidad por los próximos meses.

Tomó las carpetas, se subió al Ami 8 gris estacionado en la puerta de la radio, y partió por Lavalle hacia Gral Paz rumbo a la “La Bragadense”.

Siete de la tarde, el sol escondiéndose casi totalmente, estaba dejando las calles en penumbra, los tilos llenos de hojas verdes y en plena floración despedían el perfume que caracteriza nuestras calles en esa época.

Todo invitaba a caminar y disfrutar de esa tardecita, que no era la misma que la de Buenos Aires, pero que también tenía “ese que se yo, viste”, miré a mi alrededor buscando compañía. Allí, preparándose para irse estaba ella, Gloria Elizalde, parte del equipo de la emisora.

-Ya te vas, le pregunté

-Sí, por???

-Vamos a dar una vuelta? Está magnífico para caminar,  le dije.

Rápido y sin siquiera pensarlo, me respondió –vamos!!!

Saludamos y partimos sin un rumbo determinado. . .el tiempo transcurrido ha perdido, en lo más recónditode la memoria, lo que fue la conversación mientras caminábamos…seguro nada tenía que ver con el pensamiento profundo de que haríamos con nuestras vidas en el futuro, ni con el filosófico sobre la esencia del “ser”, ni siquiera a quien votaríamos en los próximos días. Seguro fue una conversación llena de divertidas vulgaridades.

De pronto nos encontramos caminando por Avenida Gral Paz, llegamos a la calle de Brown, haciendo cruz con el monoblok, precisamente, esquina, donde estaba ubicada  “La Bragadense”.

Nos paramos a observar, sabíamos que “Tatá” estaba allí por la venta de auspicios para la radio; sobre Brown, a metros de la esquina, estaba estacionado el AMI 8. Nos acercamos, miramos dentro del auto y. . .¡estaban las llaves puestas!.

Fue automático, sin decirnos nada, nos dimos vuelta, miramos la veterinaria a través de la vidriera y allí no se veía nadie…seguro que “Tatá” y Horacio Belamendía estarían en el escritorio.

Nuevo giro, miramos otra vez dentro del auto, vimos nuevamente las llaves puestas y mirándonos a los ojos dijo alguno de los dos, -y si nos vamos a dar una vuelta?, esto también se perdió en el tiempo..¿quién fue?…pero como el orden de los factores no altera el producto, dejémoslo de lado y sigamos.

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-Vos sabes manejar?, preguntó Gloria, a lo que respondí, ¡no, -ni idea!!, se los cambios porque mi viejo tiene un Citroen y nada más.

-Bueno, dijo mi compañera, entonces manejo yo

-Ah, entonces vos sabes manejar?!!

-No, respondió, pero audaz ella agregó, igual vamos.

Nos subimos al auto, le dio contacto y luego de explicarle los movimientos que hacía mi viejo con los pies, para que ella los repita, partimos, a los saltos, pero partimos…

En la esquina de Rivadavia y Bronw, por aquella época, no había semáforo así que, ayudados por el poco tránsito, cruzamos la avenida sin inconvenientes rumbo a Pellegrini, donde sí había semáforo.

Como tosiendo y a los saltos el AMI se acercaba a la esquina de “Chagrín”, cuando de pronto, frente nuestro, la luz verde del semáforo se transformó en amarilla y muy rápido en rojo.

-Richard, me dijo desesperada Gloria, como se frenaaa???!!!

A lo que con la locuacidad que me caracteriza le respondí –ni idea!!!!

La conductora tensó su cuerpo y dura como rulo de estatua, asomó la cabeza por la ventanilla, sacó su brazo izquierdo sacudiéndolo mientras                            gritaba –corranseeee!!!.

Tuvimos un Dios aparte, o mejor dicho los automovilistas que circulaban por Pellegrini lo tuvieron, porque mientras ocurría todo esto, Gloría doblo como veníamos tomando la avenida hacia la Parroquia Santa Rosa, esquina en la que en esos años tampoco había semáforo.

Doblamos tomando calle Mitre y con la ayuda de la suerte cruzamos nuevamente Rivadavia, pasamos Gral Paz, y llegamos a Remedios de Escalada, no chocamos, no lastimamos a nadie, pero prestos a terminar la aventura nos propusimos regresar el auto a donde lo habíamos encontrado estacionado.

Tomamos Remedios de Escalada, y cuando llegamos a Brown nos dirigimos por ella hacia la Bragadense.

En todo ese recorrido no nos habíamos anoticiado todavía de cómo se frenaba; ¡ya estábamos frente al monoblok!!!, se venía el cruce de Gral Paz, y a metros nomás “La Bragadense”!!!-

-Qué hagooooo, Richard !!!me gritó Gloria en estado casi desesperado.

Un poco más tranquilo, le dije – tirá el auto contra el cordón, y apelando a mi inteligencia y mis profundos conocimientos de la lógica, contenidos en las dos neuronas que funcionaban aquella tarde, pasé mi pierna izquierda entre las suyas y apreté el pedal del medio porque, si el pedal de la derecha es el acelerador y el de la izquierda el embreague, el del medio tiene que ser el freno, brillante, no?.

En la vereda, parados, “Tatá” y Belamendía, con cara de consternación, miraban la maniobra que les respondía el interrogante de la primera, de que –si yo dejé el auto estacionado aquí?.

Bajamos presurosos, y mientras “Tatá”, en medio de un profundo suspiro decía –qué me hicieron?!, Gloria a viva voz informaba a los presentes –ja!, y pensar que no se manejar!!!.

RICARDO SAEZ.

 

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